• Volcán Cotopaxi (5.897 m)

    Travesía del laberinto de grietas en el descenso del Cotopaxi, Ecuador.

  • Macizo del Condoriri
    Macizo del Condoriri

    Cordillera Real, Bolivia.

  • Laguna de la Isla
    Laguna de la Isla

    Sierra Nevada del Cocuy, Colombia

  • Huayna Potosí
    Huayna Potosí

    Encima de La Paz, Bolivia.

  • Laguna Chinancocha
    Laguna Chinancocha

    Valle al norte del Huascarán, en la Cordillera Blanca, Perú.

  • Ascendiendo al San Pablín Norte (5.240m)

    Sierra Nevada del Cocuy. Colombia.

  • Ascenso al Nevado Ishinca
    Ascenso al Nevado Ishinca

    A la izqierda, el Palcaraju (6.110m) y a la derecha Ishinca (5.530m), Cordillera Blanca, Perú.

  • Valle de Ishinca
    Valle de Ishinca

    Guía quechuahablante con burro, que carga nuestros morrales (Cordillera Blanca, Perú).

  • En la cumbre del Chimborazo
    En la cumbre del Chimborazo

    Los amigos Gabriel y Eduardo cubierto de hielo (Enero 2012, Ecuador).

  • Pan de Azúcar (5.180 m)
    Pan de Azúcar (5.180 m)

    Descendiendo de la cumbre. Sierra Nevada del Cocuy, Colombia.

  • Sierra Nevada del Cocuy
    Sierra Nevada del Cocuy

    De izq. a dcha. Ritacuba Blanco, Picacho, San Pablines, Cóncavo y Pan de Azúcar. (Colombia).

  • Frailejones debajo del Ritacuba Negro

    Sierra Nevada del Cocuy. Colombia.

  • Camino real Guaduas - Honda
    Camino real Guaduas - Honda

    Construido durante la Colonia por los españoles.

  • Camino real Guaduas - Honda
    Camino real Guaduas - Honda

    Ensamblado de Piedras.

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Páramos en riesgo

Catalina Uribe Barreto con Andrés Rosales y Javier Silva
tomado de www.biodiversityreporting.org


A pesar de que por ley se deben mantener como zonas de reserva, en los principales páramos del departamento se extrae carbón, se siembra papa o son escenarios de avanzadas militares.

Aunque Colombia comparte con Costa Rica, Venezuela, Ecuador y Perú el privilegio de tener las únicas zonas de páramo en el mundo, estos ecosistemas, ubicados en el departamento de Cundinamarca, es decir el 50 por ciento de los que tiene el país, están amenazados.

Y el riesgo es latente, a pesar de que son el primer eslabón en la cadena de la vida y de que, según las leyes ambientales, en ellos no se debe ejercer actividad diferente a la protección y conservación de sus recursos.
Sin embargo y contrario a eso, en el páramo de Guerrero, ubicado entre Zipaquirá y Cogua, existen minas de carbón autorizadas de las que se extraen 700 toneladas mensuales del mineral y en su suelo están cultivadas más de 150 hectáreas de papa.

El páramo de Sumapaz, por su parte, considerado el más grande del mundo, ha sido escenario de confrontación armada, mientras que otros, como el de Chingaza, ubicado en la región del Guavio, a pesar de haber sido convertido en zona ganadera, hoy su acceso es limitado porque el turismo 'ecológico' lo está acabando.

La situación más crítica la vive el páramo de Guerrero, zona en la que 2.040 hectáreas, fueron declaradas como reserva forestal y en la que desde hace más de 10 años, según Luis Alejandro Franco, director de la Umata de Zipaquirá, se lleva a cabo la explotación de minas de carbón.

Cabe anotar que las minas situadas en esta zona y que abarcan 280 kilómetros tienen reservas de carbón calculadas en 600 millones de toneladas, de acuerdo con un estudio que reposa en la alcaldía de Zipaquirá.

Para Franco lo más preocupante es que dos de las concesiones, San José y Cámbulos, de donde se extraen 700 toneladas mensuales de carbón, están haciendo explotaciones en la zona de reserva, justo donde nacen las principales fuentes hídricas de Zipaquirá y Cogua como son el Riofrío y Quebradahonda.

Sin embargo, a lo largo de estos cauces hay más de ocho minas, de las cuales se extrae carbón de tipo Antrasita, considerado el más puro, y con cuya actividad se está contaminando el agua, debido a que cuando se ejerce la minería, el agua deja de correr de manera superficial y se infiltra hasta el subsuelo e inunda los socavones, lo que obliga a los mineros a bombear el agua que finalmente sale contaminada por óxidos de hierro y aluminio. "Solamente una de las concesiones, la de San José y Cámbulos, hace el tratamiento de agua, pero de una manera muy rudimentaria", afirmó Franco. (Ver nota anexa).

Leyes en contravía

Franco señaló que esta actividad se ejerce pese a que el código de minas establece las zonas restringidas para las actividades mineras y las que podrían declararse como tal y dentro de ellas están los parques nacionales y las zonas de reserva forestal.

Precisamente estas minas se encuentran en una de esas zonas, pese a que la ley 99 de 1993 advierte que las zonas de páramo, subpáramo, nacimientos de agua y de recarga hídrica deben tener especial protección .

Sin embargo, Maryi Serrano, ingeniera forestal de la alcaldía de Zipaquirá, dijo que el problema es que hay legislación que va en contra vía de esas normas.
"Por un lado, está la legislación del ministerio del Medio Ambiente que prohíbe cualquier tipo de explotación en zonas de páramo, pero por otro lado, está el código de Minas, que otorga las licencias de explotación por 10 años con posibilidad de renovarlas hasta por 30 años.

"Cuando la autoridad ambiental va a hacer el cerramiento de la mina, el concesionario de la misma aduce que tiene permiso para explotarla", señaló Serrano, quien agregó que lo que sí existe en ambas legislaciones es que la concesión puede suspenderse sino se hacen las respectivas obras de mitigación o de compensación de daños al medio ambiente", afirmó.

Por su parte, Franco finalizó advirtiendo que pese a toda esta problemática, la CAR ha sido permisiva con los dueños de la minas. "Considero que ha faltado autoridad porque lo que hay que buscar es el beneficio de la comunidad", finalizó.

Y como si fuera poco a toda esa problemática se sumó que la semana pasada el páramo tuvo que soportar uno de los más graves incendios forestales de la temporada en donde las llamas arrasaron con 150 hectáreas de frailejones, pajales y musgos, entre otras plantas productoras de agua.

Pero la problemática del páramo de Guerrero no termina ahí. En algunas zonas que hacen parte de Pacho y Subachoque, el atentando ambiental tiene que ver con los cultivos de papa que han sido sembrados en sus terrenos.

La vereda Canadá es quizá el ejemplo más contundente. En esa zona, a 3.200 metros de altura, está el nacimiento del río Rute, que luego se convierte en el río Negro, el más importante de Cundinamarca y del que dependen 30 mil personas.
En esa zona, en lugar de frailejones y otras especies, se observan cientos de hectáreas de papa, que de acuerdo con la CAR, han reducido las áreas de vegetación nativa de 10.079 hectáreas a 619, mientras que sus áreas productoras de agua pasaron de 22 mil a 15 mil.

Alfredo Gutiérrez, uno de los más importantes agricultores de la zona, dijo que le ha ofrecido sus terrenos al municipio de Pacho y a la CAR, pero que no ha obtenido respuesta.

Sumapaz, otra víctima

Las cosas no son menos graves en el de Sumapaz, donde nace el agua de Bogotá, Fusagasugá, Arbeláez, Pandi, Venecia, Pasca, Cabrera y San Bernardo; y de Villavicencio, en Meta.

Este ha sido afectado por el pastoreo, la deforestación y la influencia que durante más de cuatro décadas han ejercido en su ecosistema los frentes 51, 52 y 55 de las Farc.

Esta guerrilla arrasó el páramo para construir una carretera de más de 100 kilómetros, idea que fue truncada por la construcción del batallón de Alta Montaña.

Sin embargo, las obras de la guarnición, situada en el Alto de las Águilas de Cabrera, también generaron problemas pues estas fueron terminadas a pesar de que no contaban con licencia de construcción y sin la elaboración de un estudio de impacto ambiental.

Además, la CAR, en el 2001, ordenó la suspensión de los trabajos porque existían vertimientos a fuentes de agua de uso público, cambios de uso de uso del suelo y remoción de vegetación nativa.

Finalmente, el páramo de Chingaza, aunque en menor proporción, ya no recibe visitantes porque su acceso fue cerrado. Esto ocurrió hace 10 años, cuando el Ministerio del Medio Ambiente diagnosticó que el turismo ecológico había dañado sus suelos recubiertos de musgo.

A pesar de la evidente recuperación que se ha logrado en estos ocho años, las pisadas producidas a estas plantas y a sus tierras no han permitido que la vegetación se recupere.

Además, 150 cabezas de ganado, pertenecientes a campesinos, vagan por las tierras del páramo. A pesar de eso, la condición de este es considerada por expertos como estable.

No hay soluciones a la vista

Gloria Álvarez, directora de la CAR, dijo que la presión sobre los páramos está dada por la extracción de carbón, por los cultivos agrícolas y las actividades pecuarias y ante eso señaló que su entidad está desarrollando un plan de acción en torno a definir qué se hará con las personas que desarrollan dichas actividades en la zona.

Por ahora, la entidad tiene dos alternativas: una sería la reubicación de estas personas, pero según Alvarez, hay que hacer un análisis de cuánto costaría esa reubicación, y la otra, es aceptarles su actividad limitándoles su eje de acción, sin embargo, es consciente de que los efectos negativos sobre el páramo continuarían.

Alvarez también señaló que la CAR además de sus funciones policivas tiene que ponerse la camiseta de la búsqueda de soluciones que integren lo ambiental con lo social y con lo económico. "Nosotros podemos sellarles, pero de la mano de eso tenemos que analizar los efectos económicos y sociales", agregó.
"La filosofía de protección de los páramos es la meta de las autoridades ambientales, pero no hay recursos para que el Estado compre esos territorios. Por ahora, lo que yo planteó es priorizar los ecosistemas estratégicos de la CAR y determinar cuáles son las zonas más frágiles para la compra de predios", explicó.

Veinte años de permiso

Florentino Hernández, dueño de la concesión de las minas de San José y Cámbulos, dijo que los socavones están allí desde mucho antes de que se declarara la zona como de reserva forestal y agregó que desde hace más de 20 años tiene permiso, por parte de la CAR, para la extracción de carbón en el Páramo de Guerrero.

"Ese permiso me lo renovaron hace un año y nosotros no estamos generando impacto ambiental porque para ello tenemos un sistema de 24 tanques a través de los cuales hacemos la descontaminación de las aguas, que finalmente son utilizadas para consumo animal. Además, estamos reforestando con plantas como encenillo, tuno y otras especies", aseguró Hernández, quien agregó que el 60 por ciento de las ganancias son regalías para la administración municipal. Se 'potrerizaron' los páramos

Tomas Van Der Hammen, biólogo, geólogo y paleontólogo holandés que ha dedicado más de 50 años de trabajo al estudio del medio ambiente en Colombia, advirtió sobre la desaparición del 30 por ciento de las zonas de páramo en el departamento.

Entre los más afectados figuran el Guerrero y el de Sumapaz. "Los páramos se están 'potrerizando", dijo Van Der Hammen, quién con este calificativo trata de resumir el hecho de que estas grandes zonas productoras de agua pasaron de albergar arbustos y vegetación nativa, a ser invadidos con cultivos de papa a los que se suman las quemas y la ganadería ovina y vacuna.

El Páramo de Guerrero es un ejemplo contundente de esta problemática. Hoy solo cuenta con 619 hectáreas de vegetación nativa luego contar con más de 10.079 hectáreas. Igualmente sus áreas productoras de agua pasaron de 22 mil a 15 mil y sus áreas de pastos pasaron de 4.000 a 8.000 hectáreas.

"Por eso es necesario que el gobierno declare definitivamente las zonas de páramo como áreas de reserva y adelante un seria reforma agraria con el fin de reubicar a los campesinos. La combinación de gente y páramo es imposible", agregó Van Der Hammen.
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Last Updated on Sunday, 09 September 2012 17:12

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