• Volcán Cotopaxi (5.897 m)

    Travesía del laberinto de grietas en el descenso del Cotopaxi, Ecuador.

  • Ascendiendo al San Pablín Norte (5.240m)

    Sierra Nevada del Cocuy. Colombia.

  • Pan de Azúcar (5.180 m)
    Pan de Azúcar (5.180 m)

    Descendiendo de la cumbre. Sierra Nevada del Cocuy, Colombia.

  • Camino real Guaduas - Honda
    Camino real Guaduas - Honda

    Ensamblado de Piedras.

  • Frailejones debajo del Ritacuba Negro

    Sierra Nevada del Cocuy. Colombia.

  • Macizo del Condoriri
    Macizo del Condoriri

    Cordillera Real, Bolivia.

  • Laguna de la Isla
    Laguna de la Isla

    Sierra Nevada del Cocuy, Colombia

  • En la cumbre del Chimborazo
    En la cumbre del Chimborazo

    Los amigos Gabriel y Eduardo cubierto de hielo (Enero 2012, Ecuador).

  • Laguna Chinancocha
    Laguna Chinancocha

    Valle al norte del Huascarán, en la Cordillera Blanca, Perú.

  • Huayna Potosí
    Huayna Potosí

    Encima de La Paz, Bolivia.

  • Valle de Ishinca
    Valle de Ishinca

    Guía quechuahablante con burro, que carga nuestros morrales (Cordillera Blanca, Perú).

  • Ascenso al Nevado Ishinca
    Ascenso al Nevado Ishinca

    A la izqierda, el Palcaraju (6.110m) y a la derecha Ishinca (5.530m), Cordillera Blanca, Perú.

  • Sierra Nevada del Cocuy
    Sierra Nevada del Cocuy

    De izq. a dcha. Ritacuba Blanco, Picacho, San Pablines, Cóncavo y Pan de Azúcar. (Colombia).

  • Camino real Guaduas - Honda
    Camino real Guaduas - Honda

    Construido durante la Colonia por los españoles.

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Prensa: El Ruiz, corazón nevado de Colombia

Because it is there (porque está ahí) fue lo único que se le ocurrió contestar a Mallory, el legendario escalador que intentó el Everest, cuando lo acosaban los periodistas preguntándole por qué quería escalar ese monte. Eran los años veinte del siglo pasado.

Sabia respuesta, la mejor de todas, y con ella se fue a la eternidad porque su cuerpo intacto, conservado por la nieve, se encuentra en la ladera norte de la gran montaña, a algunos cientos de metros de la cima.

Amador de las montañas, también yo, a mis 8 años todavía no cumplidos subí por primera vez al Nevado del Ruiz en 1949. Un modesto cinco mil , pues su mole chata alcanza los 5.270 metros sobre el nivel del mar. Desde entonces, la pasión por las montañas la he llevado (mejor, me ha llevado) a todos los continentes.

Para los colombianos la nieve por excelencia es el Nevado del Ruiz. Y yo lo quiero como a un hijo bobo, pues en 1972 formé parte de la comisión que asesoró la creación del Parque Nacional de los Nevados.

En ese tiempo, cuando Cumanday, que así se llama en dialecto indígena, no se había enfurecido hasta destruir a Armero, dormíamos en el fondo del cráter. Era un pacífico arenal en el que alternaban las arenas y las nieves. Se dormía arrullado por el ronquido de los vapores de agua que eran blancos, inocentes.

Nos alojábamos en el entrañable Refugio, primero rojo y al final amarillo, techado con paja. Lo vi arder a los tres días de la tragedia de Armero cuando llegué a pie hasta él; el volcán estaba todavía rebotado . Confieso que lloré cuando lo vi convertido en pavesas todavía humeantes.

El cráter del Ruiz mira hacia el oriente, por ello Manizales duerme tranquila a sus occidentales pies.

La Olleta es uno de sus cráteres. Está apagado y separado de la mole principal unos dos kilómetros. Es un cono perfecto de arena gris-amarilla en cuyo cráter, totalmente taponado, también dormíamos; creíamos hacerlo al abrigo del viento. Mentiras. Sopla con igual violencia que afuera.

Las otras cumbres.

El Ruiz es el núcleo central del Parque de los Nevados del que también forman parte otros volcanes: el Santa Isabel, con su cumbre tricúspide coronada todavía de nieves eternas; el Tolima, cono esbelto, cercano a Ibagué y situado un tanto fuera del eje de la Cordillera Central.

El Nevado del Quindío, formado por varios picos rocosos y un cráter amplio cuyas paredes son rocas y arenas amarillas y rojizas, ya no posee nieves eternas; tampoco el Nevado del Cisne, pequeña cumbre, semejante a un pico, ubicada al sur del Ruiz.

Una carretera central que parte de Manizales y hace recorrido casi total del Parque lleva hasta la Laguna del Otún. El viajero no entrenado para ascensiones de roca o nieve puede gozar desde su carro de todo el encanto del Parque.

Los arenales donde el eco retumba, los valles millonarios en frailejones, las 13 curvas adosadas a La Olleta, la visión de todos los nevados desde el punto más alto de la carretera, los paisajes del Cisne y del Santa Isabel y del Paramillo de Santa Rosa, hasta concluir en la fantástica Laguna del Otún, que en verano se cubre de líquenes verdes, amarillos, rojos, ocres.

En el camino puede detenerse en la base del Cisne a tomar la aguadepanela caliente que vende doña Amparo, amiga de todos los montañistas. O adentrarse y recorrer el que yo he denominado Caminito al Cielo, alfombrado de frailejones amarillos y blancos, lupinus blancos y morados, senecios amarillos y morados, hasta contemplar la Laguna Verde Encantada, acunada entre los nevados.

En verano, con un cielo azul escandaloso, seguramente el montañista verá surgir de una ladera y levantarse sobre la cabeza, muy cerca, la soberbia masa de un cóndor.

La erupción que destruyó a Armero cambió totalmente la fisonomía de la montaña. Pero sigue siendo hermosa y sugerente. Nuestros escaladores del Everest, desde los 8.850 metros de la cumbre del mundo, seguramente recordaron al Ruiz, la montaña que para todos nosotros fue la iniciación y para los colombianos el sueño de nieve.

Esa mole inmensa, coronada ahora por un penacho de vapores, es el corazón del montañismo colombiano.

Fecha de publicación
23 de agosto de 2001
Autor
Andres Hurtado Garcia Especial para El Tiempo
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Última actualización el Domingo, 09 Septiembre 2012 17:12

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